La desocupación se dispara: ¿Pero qué dicen los datos?

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Blog Académico

La fuerte y drástica caída en la actividad económica desde octubre de 2019, fuertemente agravada por la pandemia, ha tenido un impacto enorme en el desempleo. La encuesta de microdatos de la Universidad de Chile, aplicada a fines de marzo y principios de abril, arrojó un alza en la tasa de desempleo del Gran Santiago de 8 pp en un año, alcanzando el 15,6%, la mayor en 20 años, similar al 15,4% de junio de 1999, en plena crisis financiera. Pero dado que esta encuesta solo muestra los primeros días de abril, nos podemos aventurar a que las noticias sean aún peores en los próximos meses, acercándonos a los fantasmas de inicio de los 80´s, cuando la tasa de desempleo bordeo el 22%.

Pero los datos entregados por el INE este viernes 29 de mayo, muestran algo distinto. La última Encuesta Nacional de Empleo (ENE) aplicada entre los meses de enero a abril, da cuenta de una tasa de desempleo que alcanzaría al 9% de la fuerza de trabajo a nivel nacional y de 9,4% en la R.M, esto es 6 pp por debajo de la calculada por la U. de Chile, lo que se explica principalmente por diferencias metodológicas. La ENE es de trimestres móviles y abril solo representa una parte, y además el desempleo se mide en forma distinta. Pero más allá de cuestiones metodológicas, la encuesta del INE nos da luces respecto a la magnitud que puede alcanzar el impacto sobre el mercado laboral.

Tal como se esperaba, la fuerza de trabajo se reduce en este último trimestre móvil en un 5,7%  comparado con el mismo período del año anterior y llegando a una caída del 7,7% en el caso de la fuerza de trabajo femenina. Reducción explicada probablemente por la imposibilidad de buscar trabajo, producto de la pandemia.  Pero además los ocupados caen fuertemente en un 7,6% y en un 9,3% para las mujeres. Los ocupados ausentes, es decir aquellos que continuaron recibiendo algún ingreso a pesar de no trabajar subieron un 44,2% explicado en gran parte por la Ley de Protección al Empleo. La informalidad tiene un rol clave en explicar estos resultados, porque probablemente aquellos que han perdido su fuente laboral y que no están en los programas de protección laboral, sean en su mayoría informales y justamente los datos del INE muestran que la ocupación informal cae un 11,1% y un 14,2% en el caso de las mujeres. Con todo la mayor desocupación se ha transformado en inactividad, según la metodología que usa el INE, amortiguando la presión momentánea sobre el mercado laboral.

Un dato interesante que arroja la encuesta es que la población fuera de la Fuerza de Trabajo sube un 15,4%, principalmente personas que producto del COVID-19, no estaban buscando empleo, pero que si podrían buscarlo en el futuro convirtiéndose en un desempleado potencial. El INE mide esto a través del concepto de  fuerza de trabajo potencial o inactivos potencialmente activos, que incluye a personas que no han estado buscando empleo pero están disponibles para trabajar y que sube en un 138,4% en el período. Esto permite construir un  indicador de desempleo potencial que alcanzaría al 23,8% subiendo 9,9 pp  respecto al mismo período del año anterior. Es decir cuando se incluye a los desocupados potenciales el alza en la desocupación es ligeramente mayor a la calculada por la U. de Chile.

En la región  del Biobio, los datos del INE arrojan similares conclusiones, una tasa de desocupación de 8,9%,  una contracción de la Fuerza de Trabajo de un 8,5% y de la ocupación de un 10,2%, influidos por la fuerte caída de los ocupados informales de un 22,8%.

Seguramente, la situación empeorará en los próximos meses, aunque la información estadística tradicional que entrega el INE tienda a amortiguar el impacto, lo que hace necesario mirar otros indicadores como la Fuerza de Trabajo potencial , los ocupados ausentes, la ocupación informal, las expectativas de retorno a su actividad laboral y la pérdida potencial de ingresos. Información que ha sido capturada en la última encuesta de este organismo.