La influencia de las TICs para el control de gestión y el cambio de mando

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Blog Académico

El auge de las tecnologías de información y comunicación, las han hecho formar parte fundamental dentro de organizaciones modernas, así como también dentro de los Estados, que las ven como un aliciente para ayudar a mejorar su gestión. Lo anterior, debido a que las nuevas tendencias mundiales asociadas a modelos de gestión pública están incorporando gradualmente la idea de crear y gestionar valor público en un contexto de “Estados en red” que trabajen desde una perspectiva multiorganizacional y multisectorial. Este concepto de Estados en red está ligado a temas de descentralización e implica un enfoque que busca: i) medir y gestionar la eficiencia del uso de los recursos, la transparencia, la responsabilidad y la rendición de cuentas sea una regla, ii) una mayor vinculación en la propuesta de valor con la ciudadanía y que esta sea partícipe en la definición de metas y, además, sea un evaluador activo del desempeño del Estado y, finalmente, iii) un Estado que reconoce que los ciudadanos, además de ser contribuyentes y usuarios, son clientes.

Sin lugar a duda, esta nueva forma de entender un Estado, sumado a un Gobierno que lo administre eficientemente requiere de modelos de gestión e instrumentos de control que la permitan sustentar. El Estado se ve obligado a diseñar modelos de gestión que cuente con soportes tecnológicos para colaborar en la simplificación de trámites, a la reducción de tiempos de espera y al cada vez mayor número de trámites que pueden ser realizados a través de Internet.

Sin embargo, la modernización plantea varios desafíos que deben ser abordados. El primero, relacionado con una comunidad empoderada tecnológicamente que solicita, cada vez más, servicios digitales sencillos de utilizar con la intención de reducir el tiempo de espera y el número de trámites a realizar. Esto obliga a la simplificación de servicios, que conlleva cambios a los actuales procesos que rigen la orgánica de las instituciones públicas, modificaciones que pueden resultar complejas o infructuosas si no están consideradas todas las partes interesadas en el proceso como, por ejemplo, los funcionarios públicos que serán los encargados de llevar a cabo estos cambios en el servicio.

Por otro lado, también presenta desafíos desde el punto de vista de la gestión de datos e información. Hoy en día, millones de datos son generados diariamente por sistemas de información y dispositivos electrónicos. Cada vez son más las organizaciones que comienzan a generar valor y a obtener beneficios al poder entender sus datos. Se hace casi necesario contar con unidades estratégicas de Business Intelligence para analizar datos que permitan acortar la brecha entre los servicios esperados y aquellos recibidos por la comunidad. Iniciativas prometedoras como OpenDataDay van encaminadas en pos de lograr esta meta, poniendo en el horizonte la relevancia estratégica de contar con información más clara para la toma de decisiones. El ideal, debe estar en la generación de información estratégica para la toma de medidas preventivas y correctivas que nos eviten problemáticas como sociedad.

Dentro de los objetivos del nuevo Gobierno, está seguir trabajando en la modernización del Estado en miras a mejorar la gestión. Es ahí donde las universidades y el Estado juegan un papel preponderante para impulsar soluciones que resuelvan estas problemáticas. Vivimos en una época privilegiada en la que el uso eficiente de datos y la inteligencia artificial jugarán un papel preponderante en el mediano plazo y aquellas organizaciones que lo entiendan estarán un paso por delante.

Como Universidad, nos encontramos caminando en esta misma senda y esperamos conocer en profundidad los lineamientos estratégicos que plantee la nueva autoridad en términos de gestión de la información con el fin de colaborar desde una perspectiva académica y práctica en la búsqueda de soluciones que permitan mejorar la calidad del servicio que se brinda a la comunidad.