La formación por competencias en la educación superior en Chile: una visión de largo plazo

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Blog Académico

Es evidente que la sociedad ha cambiado, y hoy vivimos en un mundo más exigente y complejo, y estos cambios no han sido ajenos a las instituciones de educación superior (IES), los jóvenes del siglo XXI, no tienen las mismas características que sus pares, incluso de a fines del siglo XX; y la educación no puede abstraerse de estos cambios. Una de las alternativas que se han propuesto para que la educación se adapte a las nuevas generaciones, es la formación por competencias. Ahora, si bien el concepto de competencia no es nuevo, aún no hay consenso sobre su definición. Quizás la definición más aceptada es la de Guy Le Boterf quién define competencias como “un saber actuar, es decir un saber integrar, movilizar y transferir un conjunto de recursos (conocimientos, saberes, aptitudes, razonamientos, etc.) en un contexto dado para enfrentar diferentes problemas o para realizar una tarea” (Gómez A., 2006).

Las IES chilenas, que no han estado ajenas a estos cambios, han ido adoptando el modelo de formación por competencias con algunas modificaciones o “a la chilena”, y producto de lo anterior, surge el cuestionamiento de qué tan efectiva será la implementación de este modelo en la formación de profesionales en Chile, sin embargo la formación basada en competencias es una alternativa válida pero no es una opción igualmente efectiva para todas las carrera o disciplina.

Como mencionábamos anteriormente, uno de los problemas que se ha generado en el ámbito académico es la definición de competencia. En ese sentido, Abate y Orellana (2008) citan a Barnnet quien postula que hay dos versiones de competencias que rivalizan entre sí: la competencia académica y la competencia operacional. La primera busca el dominio de la disciplina, mientras que la segunda apunta al desempeño, en especial al desempeño económico. El énfasis que existe hoy día en Chile es definir la competencia desde un punto de vista operacional, y por lo tanto un número importante de profesionales están siendo formados con una orientación al desempeño, el problema es que no todas las profesiones permiten un enfoque tan operacional. En ese sentido A. Díaz Barriga (2006), recuerda que el término competencia tiene un origen en el mundo laboral, y en ese mundo:

“Se le concibe como una estrategia que se apoya fundamentalmente en el análisis de tareas, partir de la cual se busca determinar las etapas puntuales en las que se debe formar a un técnico medio, por ejemplo un mecánico automotriz, un tornero, en la adquisición de las habilidades y destrezas que le permitan un desempeño eficiente en su labor.” Díaz Barriga, A. (2006: 13)

Por lo tanto, queda de manifiesto que el enfoque de formación por competencias está mejor orientado a la educación técnica que a la científica profesional.

Por otra parte, un segundo problema que enfrentan los académicos hoy en día es la generación de nuevos conocimientos. Actualmente muchos están más dedicados a desarrollar actividades docentes que faciliten el aprendizaje, que a desarrollar su labor científica. En ese sentido, Yañiz señala que:

“Los planes de estudio universitarios han tenido como referencia los contenidos y las áreas del conocimiento en las que éstos se articulan; han orientado la formación para que los alumnos ‘dominen esos contenidos’. La perspectiva predominante, en ocasiones implícita, ha sido la formación de investigadores, y la finalidad primordial salvaguardar y generar conocimiento” Yañiz (2005: 6-7)

Por lo tanto, los académicos hoy en día enfrentan la disyuntiva entre formar profesionales que estén listos para insertarse en el mundo laboral, o dedicarse a investigar, pero claramente no pueden dedicarse a ambas.

Finalmente, otro gran problema que enfrenta la formación por competencias está relacionado con lo que sucede en el aula y la capacidad del profesor de transformarse del típico expositor, emisor de contenidos, a un facilitador del aprendizaje, donde ya no es suficiente con la emisión del mensaje, sino que debe ayudar al estudiante para que haga suyo el conocimiento. Obviamente, no todos los profesores tienen esa capacidad y/o disposición.

No obstante lo anterior, las IES destinan una gran cantidad de recursos en la capacitación y desarrollo de sus académicos con tal de facilitar esta transición, y lograr que éstos innoven en materias de metodología y evaluación, de manera que las actividades realizadas en el aula estén al servicio del perfil de egreso (Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas, 2012: 31), es decir, las IES están haciéndose cargo de uno de los problemas que significa educar por competencias.

El problema es que no hay estudios que midan el impacto de las  capacitaciones docentes en las actividades dentro del aula, tal como lo señalan distintos autores. Por ejemplo, F. Díaz-Barriga señala ”no sabemos los resultados de la capacitación a los profesores en los modelos de competencias ni la forma en que los llevan a la práctica en sus aulas, si es que acaso lo hacen” F. Díaz-Barriga (2005:80); asimismo, Jurjo Torres señala que la “salida por la que buena parte del colectivo docente opta es por tratar de ofrecerles ’píldoras’ informativas sobre cada tema de estudio obligado” (Gimeno Sacristán, 2009: 144)

En resumen, podemos señalar que si bien los jóvenes que hoy día asisten a la universidad no tienen las características de los jóvenes de gran parte del siglo XX, el currículum por competencias aparece como la solución en la formación de los profesionales del siglo XXI, sin embargo no necesariamente es la solución para todos planes de estudio de la educación superior. En primer lugar, porque todavía no hay un consenso en el mundo académico del término competencia, lo que impide que las IES hablen en la misma frecuencia. En segundo lugar, porque en la medida que, principalmente, las universidades potencian su área docente, terminan descuidando su área de investigación. Y en tercer lugar, porque si las IES desean potenciar su área docente, necesitan capacitar a sus académicos y no existen estudios de los resultados de dichas capacitaciones.

Por lo tanto, de todo lo anterior, podemos señalar que, probablemente, no todas las IES están preparadas para formar en competencias, o no todas las carreras tienen un perfil apto para ser dictadas por competencias. Finalmente, las IES deberían preguntarse si desean formar por competencias como corresponde o deberían buscar otro modelo que mejor se ajuste a lo que tienen y desean.